martes 15 de diciembre de 2009

Sanatorio.

La luz bañaba la habitación con colores cálidos, en clara contraposición a los pocos grados bajo cero que rodeaban al local.
Olía a comida recién hecha, a cigarrillos, a cerveza fría y a hachís de importación.
La música sonaba como a sonrisas. Sonrisas grandes.

Allí nos encontrábamos, sentados en 2 camas, y un sofá con una cajonera debajo. Una estantería repleta de libros entre los que se encontraba "5 horas con Mario" en un perfecto alemán. Unos cuantos juegos de mesa desvencijados y una baraja de naipes Fournier.

Una chica se revolvía divertida en su asiento. Hablaba consigo. Hablaba de sí. Escribía en voz alta y Conversaba en MAYÚSCULAS. Su brazo estaba cosido mil veces al pasado y su mente andaba zurcida mil veces.

En la otra esquina de la habitación Otra chica se retorcía inquieta en su sofá. Lloraba. Lloraba sin parar. Lloraba tanto como se puede llorar en toda una vida. La gente conversaba a su alrededor. Ella no existía excepto para sí.
Lloró durante las 3 horas que estuvimos allí. Exceptuando 2 momentos. Al fumar. Al comer.

Una vez fuera, Las vimos a través del cristal. Se sentaron la una al lado de la otra. Eran tan parecidas que creímos que eran la misma persona.
No hablaban.
Sólo se complementaban.


3 Visitas Al Baño:

Berta dijo...

unglaublich, kratzbürste!

;)

Juls dijo...

Ahí me has pillao..¬¬'

Perdida dijo...

y es que, posiblemente, todos nosotros tengamos dos lados...no te parece?:)

un saludo, encantada de pasar por aquí! Si no te importa, volveré ;)