Arden las ascuas de la escenografía y los personajes se pierden entre bastidores.
Cierras el salón y allí sólo queda el frío. Olvidas los ensayos, las canciones, los actos y la emoción. Olvidas las miradas, las noches encerrados, los camerinos y los libretos pintados. Las legañas, las entradas, las improvisaciones, los personajes,..
Al final sólo queda la obra entre los recodos de la memoria. Y tan subjetiva y personal como los ojos que la admiraron.
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muy bueno!
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