Antes de cruzar su puerta aquella mañana, hizo recuento: Seis arrugas. De crecer. Ocho canas. De pensar. Once patas de gallo. De reír. Cada una de ellas le indicaban todos y cada uno de los momentos en los que había conseguido sorprenderse, y aprender un poco más de la vida.
Toda la vida había envidiado a su abuelo, con sus ¡Quinientas noventa y ocho canas, Trescientas cuarenta y sieta arrugas y Seiscientas tres patas de gallo! Y le prometió que algún día le superaría.
- "El truco está en dejarse sorprender" - le dijo. Y desde entonces hasta hoy siguió su consejo con firmeza.
Esa mañana, sin embargo..

[..]La vida se acabará el día en que deje de sorprenderme[..]
0 Visitas Al Baño:
Publicar un comentario en la entrada