martes 14 de diciembre de 2010

Hechizo

Había aprendido que la vida le guarda siempre un millar de formas para sorprenderle, así que, como de costumbre, salió desprevenido.

Antes de cruzar su puerta aquella mañana, hizo recuento: Seis arrugas. De crecer. Ocho canas. De pensar. Once patas de gallo. De reír. Cada una de ellas le indicaban todos y cada uno de los momentos en los que había conseguido sorprenderse, y aprender un poco más de la vida.

Toda la vida había envidiado a su abuelo, con sus ¡Quinientas noventa y ocho canas, Trescientas cuarenta y sieta arrugas y Seiscientas tres patas de gallo! Y le prometió que algún día le superaría.

- "El truco está en dejarse sorprender" - le dijo. Y desde entonces hasta hoy siguió su consejo con firmeza.

Esa mañana, sin embargo..






[..]La vida se acabará el día en que deje de sorprenderme[..]